TINTAS CARBÓNICAS

Leonardo Salvini

Curadora: Josefina Fossatti

Estafeta Chapadmalal

2022

Una presencia monolítica se condensa en bloque y un macizo de tintas carbónicas evidencia el carácter de la obra, perdiéndose la noción de plano para convertirse en volumen donde finalmente los fragmentos construyen experiencias en sí mismas ofreciendo un escenario de fuerte presencia pero calmado.

Cada pieza es un eco de la anterior que mantiene un ritmo latente al flotar en una gravedad que imita al silencio. Lo que permite llegar a esto es la construcción de la atmósfera, la presencia de la obra como monumento, que permite escalarlo a través de registros desprovistos de toda narrativa, que establecen una profunda relación entre la palabra y el silencio, ubicándonos en un tiempo de dilación y espera que deja entrever lo que sucede cuando se ha quitado lo superfluo.

 

En esta obra, Salvini nos propone observar cómo pueden ser las cosas en sus pretensiones más mínimas, acercándonos a un lenguaje donde el gesto se evidencia en las presiones ejercidas sobre el papel carbónico a través de un pasaje directo, de un golpe seco que avanza a ciegas, inexorablemente. Justamente se destaca en lo matérico lo que está encerrado en su ausencia: no hay pigmento.

Lo que identifica su trabajo es la manera de proyectarlo, donde el cruce con lo arquitectónico se da en ida y vuelta, manifestándose el espacio como su elemento primordial, decidido a delimitarlo, medirlo, suponer su ubicación, condensarlo, conquistar una estructura que suspenda el sentido.

 

Josefina Fossatti

 

Foyer Bajo Teatro Auditorium, Mar del Plata. 2019
Expone: Silvia Lorenzo
Curaduría: Josefina Fossatti

En su trabajo existe un conjunto de rasgos o características que circunscriben sus imágenes, dentro de las cuales el sentido de continuidad está marcado por las pausas. La obra sucede en esos espacios, en ese tiempo.

HACEDORA

Micaela Losada

Curadura: Josefina Fossatti

Velas de la Ballena, Mar del Plata

2018

 

En la percepción de las cosas más mundanas se filtra el ojo entrenado buscando entre miles de otros tantos descifrar lo que la lente ha exagerado en vastos largos intentos por mostrar los acentos solapados, chiquititos que en su función de permanecer esperan estoicamente los despertares que cifren la temporalidad de aquellas cosas cotidianas, encontradas, usadas, vividas.

 

La obra de Micaela se instala en la acción. Mientras se cuestiona de dónde salen las cosas, hace.

La forma cambiante es la consecuencia inevitable del tiempo cuya importancia delata la manipulación.

Hacedora propone el fieltro como lenguaje, y su voluntad, testigo incansable que avizora que las cosas hay que hacerlas. Mostrándose implacable con los materiales, Micaela nos los devuelve cambiados, apropiados, evidenciando dónde subyace la finitud de las cosas.

 

El último bocado y Mal de ojo

Cocktail, Galería mutante, Mar del Plata, 2014
Artistas: Margarita Wilson Rae, Facundo Pereyra
Curaduría: Josefina Fossatti

Ambas obras se encuentran atravesadas en su concepción por la mirada primera, la del comienzo, cuando todo estaba por descubrirse. Dos instalaciones que proponen una acción. Rigiéndose bajo el criterio unívoco de sostener de manera solapada lo ritual, lo ancestral, lo folklórico, lo materno que arraigado nos concibe.
El tiempo de otros tiempos de Margarita, la absorta inmediatez de Facundo.
Una obra da lugar a la otra.
De la abundancia a lo que queda y de la nada a la multiplicación.
Quitar, añadir. Fragmentos de una realidad subyacente en donde los artistas no abandonan sus memorias personales.

El último bocado es un fragmento del pasado traído sin mesura a celebrar el presente. Asumiendo nuevas formas de percepción, la incorporación de objetos dispares le genera a Margarita Wilson-Rae una nueva escena como contrapunto de lo reconocible. Una observadora curiosa y atenta que construye una realidad paralela, la provocada, donde se evidencia una dialéctica permanente entre lo visible y lo que falta, aquello que quedara atesorado en la memoria teñido de una ausencia atemporal.
Como anfitriona no descuida nada, salvo lo que acontecerá a partir de una acción.
Al recibir a sus invitados, sabe que el orden estará cambiado y que -como dijera Kaprow- “simplemente sucede que sucede”.

La primera impresión es intimidante. Un banquete opulento, cuasi barroco. Abigarrados platos que suponen escenas de otros tiempos dispuestas a ser develadas. Y los invitados prolongando la decisión de devorarlo, o no. Es la tentación, es lo prohibido, son los mandatos. A sabiendas que en segundos puede que no quede ni el último bocado, todavía se atraviesa la duda. El folklore de lo absurdo. Lo absurdo de lo cotidiano. El tiempo anacrónico. La ceremonia otra vez. La voz materna, las ganas, los miedos, la duda, el desborde, los restos.

La mesa está servida.

———————————————

Facundo Pereyra logra adentrar al espectador en la observación de objetos insólitos que atravesados por la metáfora devienen diferentes. Con la intención de no volver a verlos como antes, deja entrever en sus construcciones una manifiesta contundencia.
El valor de la idea contenida es lo que el artista intenta prevalecer.
Lo que a priori parecería inconexo, concluye siendo necesario; al extremo de dejarnos influenciados por su visión.
Un artista que se ubica en la afirmación, el lugar donde la obra es. El error me gusta, que no sea perfecto, sostiene Pereyra.

En este convencimiento donde la creencia es el valor, nos presenta Mal de ojo, una instalación que destaca la significancia de la fe, de la ofrenda, de lo desinteresado.

Lo inmediato puede tener otros caminos y destacar eso es lo que nos propone el artista en una obra donde la memoria no admite engaños.

—————————————————————

Reseña en Ramona.org

Galería Casa de Madera, Mar del Plata, 2013
Artistas: Facundo Miranda, Analía Larroudé, Patricia Traverso
Curadora: Josefina Fossatti

Somos de la misma sustancia que los sueños
y nuestra vida breve es sólo un sueño.
La Tempestad, W. Shakespeare

Basados en la semejanza de las obras por pares, que en su totalidad conformarían un triángulo, Tres para un par perfecto da cuenta de la relación existente entre las cosas, los lugares, las personas.

La unión generada de a pares vinculada al restante devela el primer entramado, sitio donde los encuentros se vuelven arbitrarios, como aceptando que la propia existencia fuera un gran juego tramando derroteros, intentando unir distancias, con la persistente sensación de hundirse en los cruces donde las líneas se interceptan.

Tres artistas confluyen en esta muestra: Analía Larroudé nos presenta en sus fotografías las relaciones subjetivas a partir del recuerdo de una imagen desdibujada que se refugia en la memoria.

Patricia Traverso bucea hondo con ciudades asentadas en suelos vulnerables. Lo etéreo en la selección los materiales, la austeridad de recursos, reafirman la noción de recuerdo vasto.

Facundo Miranda nos propone unir individualidades marcando en su trabajo los encuentros, lo anecdótico aparece al abandonar un punto en busca de otro que abra el paso.

La simultaneidad sobre un mismo escenario minado de posibilidades hace que las intersecciones más que azarosas diriman con astucia la entrada y la salida con la intención de evidenciar lo próximo que indique el recorrido.

Galería Velas de la Ballena, Mar del Plata, 2013
Artista: Claudio Roveda
Curaduría: Josefina Fossatti

Sus obras son atravesadas por el imaginario, se cuelan entre percepción, espacio y subjetividad.
El dibujo describe con pregnancia las pretensiones de la línea desapareciéndose del plano.
Cruce de cosas, intersecciones, direcciones, la inevitable fuerza del primer trazo como sostén del siguiente. Todo conduce a un ejercicio conceptual que implica abstraer, aislar.
Gracias a una prueba del azar, descubre un nuevo destino para su trabajo, dejando por un rato la pintura, que ahora no le alcanza para significar. La combinación entre idea y material hacen aparecer el vidrio como medio, con sus cualidades expresivas propias, excediendo su función y participando del contenido del mensaje que es poesía, sin excusas. Los poemas rotos, los poemas de agua, nos hablan de algo más, disfrazados en la metáfora inesperada. Las palabras designan la propia pintura. Las palabras conducen a todos los lugares. La complicidad con el espectador consiste en una estrategia que funciona, que nunca es accidental y que lo ubica en el lugar de ver más allá de lo que se nos está dado.